Posted by in blog

A su mano menuda no le quedaron ya mas fuerzas pa’ amarrarse al universo.
Miró atrás por vez primera, por si hubiese amaneceres que prestasen a su paso, pero la noche se le hizo eterna y al olvido se olvidó esperarla en el portal de sus abrazos.

No supe verla por dentro y no entendía de su lenguaje a veces. Babel gana esta vez.

Quizás pude hacer algo, quizás lo haga de nuevo. Pero juro que yo solo quise verla aún mas allá de todo aquello, donde la brisa le es caricia y prende besos en su talle.

(…)

Pero nunca bajé de este barco… no mientras un mísero halo de vida quede en mí bajo esta piel a pesar de la estocada y los jirones. Llevo conmigo el poniente y el levante a los costados y sigo, como no, acechando tu norte.

Ya ves, de mi corazón forjé tu sino y lo he virado a mi horizonte.
Puse mi alma en tu bolsillo y mil canciones a tu nombre.
Que no te engañen los sentidos, te dejé la puerta abierta,
desbordé tu mar adentro a cada intento de verdad de estos renglones.