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a propósito de mí
carlosuárez

un par de besos en tu acera
un mes de abril en la guantera
un gato con mas vísperas que yo

un ‘ya no espero que lo entiendas’
un ‘te lo dije’ a tu manera
un roto descosido al corazón

una canción sin alma en vena
mi rock&roll a duermevela
su triste adios sin escalera

un ven a verme cuando quieras
un polvo a medias en tu espera
un rostro sin espejo a la razón

aquel vaivén de tus caderas
bailando a santo de cualquiera
el corto de mi absurdo en tu guión

esta canción sin alma en vena
el rock&roll de las sirenas
dejó tu adiós en mi escalera

y busco el cielo en otras bocas
vendí mi suerte al azar
pago al contado la pena
vierto mis versos con sal

mis noches saben a blues
vivo en la barra de un bar
a veces busco la luz
y otras me quedo a mirar

mi suerte, el bajo de tu falda
tu amor, la cuesta de mi olvido
tu sexo siempre a espaldas de mi cama
protestan las caricias que no dimos

el diario de un domingo en mi ventana
mis dedos que agonizan lo que escribo
el verbo renunciar de tu escapada
saber que ahora te sobran los motivos

y busco el cielo en otras bocas
vendí mi suerte al azar
pago con besos la pena
vierto mis versos con sal

mis noches saben a blues
vivo en la barra de un bar
a veces busco la luz
y otras me quedo a mirar

buscaba el cielo en tu boca
fue donde quise olvidar

quiso enseñarme aquel blues
la camarera de un bar

Esa mujer era un espejo
con piel de aceituna.
Le brotaban amapolas del cráneo
y sonreía siempre
y sólo siempre que el semáforo estaba en rojo,
porque la barra de labios
marcaba el tráfico de besos,
y ” siempre ”
era una medida de tiempo
un poco breve
para una mujer serpiente
que siempre inoculaba
sustancias dopantes
con la saliva de sus dientes

¿cómo no quererla
lejos de otras vidas?
¿cómo relatarla
con aguja y sedal?
si era ella la ola de mar
en sí misma,
ensimismado me tenía.

esa mujer era un espejo
con piel de aceituna.
Decía “hola” con las manos
al articular una caricia
en el tacto de mi piel
y mi vientre vomitaba en seco
un copioso “te quiero”
a la altura de la cintura.

esa mujer era un trozo de saliva errante
en la boca de metro,
en la boca de otro hombre,
en la boca siempre.

y “siempre”
era una medida de tiempo
un poco breve
para una mujer sonrisa
que disfrutaba haciendo el amor
siempre, siempre, sin prisa.

Memphis
Esteban Belmonte