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¿Sabes? No ando lejos…
Es difícil de explicarte pero… tan solo me hice parte en lo invisible.
Y ahora… ahora soy del tiempo cual espacio siempre eterno en sus raíces.

¿Sabes que aquí puedo dibujar horizontes?
Pinto azar con acuarelas, vierto azules en el aire y entonces…
entonces miro alrededor y de instante aparece tu nombre, siempre aparece tu nombre…

(silencio)

Ya no importa tanto, la verdad no tuve miedo, y tú…
no me gustó nunca la tristeza, ya lo sabes.
y a tí se te escapó la risa en el descuido de encontrarme.

No temas, vi tu abrazo de regreso y ya ves…
no hay tormentas que me puedan, ni oleajes que me paren,
sigo siendo puerto viejo a mar abierto en tus verdades.

(…)

Mil esperas no bastaron por cada vuelta a casa.
Tras el portazo… silbidos y después…
siempre una sonrisa se adivinaba en mi cara.

Todavía sonrío cuando te escucho de lejos…

Fuiste mis pies y mis manos, mi voz y mi calma… gracias!
quizás no pude decírtelo de otra manera, aunque quizás jamás hizo falta.

Supiste dibujarte en cada línea de mi mano y yo guardé todo de ti en mi equipaje.

No hay adiós si no hubo ida, ahora que vine pa’ quedarme.

A Ramón Gómez
y al amor eterno de un abuelo y su nieta