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intento
carlosuárez

al cajón donde enterrabas mis despojos
ahora encierro yo la huella de tus besos
del colchón de aquellas noches-desalojo
ya solo queda un corazón lleno de huesos

tanto abismo disparado a quemarropa
dio final a estos tres puntos suspensivos
anda ve, sé buena y cuídate esa boca
que no dejó un solo muerdo por perdido

este perro ya no duerme a los pies de su princesa
entendió que un viaje al centro de sus ojos
sale caro si hace escala en la estación de la tristeza

solo intento olvidar que no te olvido
solo intento no fracasar en la torpeza de beberme lo que escribo
solo intento disimular que soy quien digo
solo intento resucitar

he cumplido mi condena y sigo vivo
solo tropecé mil veces a las puertas de tu ombligo
malherido por las balas de tu antojo
firmé sentencia a la apariencia de tus ojos

no pretendas el descaro de quererme si te digo
que no sigues siendo parte de esta historia
que se parte a la mitad si estás conmigo
que ahora bosteza el despertar de otras cien bocas

ya pagué con intereses tus pecados capitales
las caricias que arrojaste contra el suelo
tus excesos, las mentiras que jurabas ser verdades

Estoy harta de cargar con toda la culpa.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi jodida culpa.
Siempre como siempre.
Estoy a un grito de desesperación que rompa el silencio que desgarra mi garganta.
Lo bien hecho mal parece y lo que parece nunca es ni está.

No saber cómo acertar sin saber dónde se sitúa el centro de tu diana.
Sube las escaleras corriendo hasta el séptimo piso dejándote el aliento en cada peldaño.
Como si allí arriba te esperase yo dispuesta a compartir un peta.
Y tírate por el balcón cuando llegues y nadie te espere… y nadie no sea yo.

Iré a llevarte flores a la lápida y veré cómo se marchitan mientras a cada dos tragos de ginebra te recito un par de poemas tuyos, amor.

Me he levantado mil veces de tus tropiezos y ya no miraré más hacia abajo.
No volveré a auto-destruirme la conciencia.

Pero al fin y al cabo, aunque me cueste reconocerlo, seguiré yendo a sentarme sobre tu lápida, a embriagarme entre pétalos marchitos, a confesarte que los besos ya no saben igual.

Que desde que marchaste,
amor
ya no hay.

Liverpool
Fátima Santiago